DESEMPLEO, TECNOLOGÍAS Y LA SUPUESTA CRISIS.

 

La crisis es para la mayoría de las personas trabajadoras, no así para las grandes empresas y el capital financiero. Muchas de ellas convierten esas crisis en verdaderas oportunidades de lucro ¿Por qué?

Históricamente las grandes crisis no nos hacen pensar críticamente, nuestro pensamiento se concentra en cómo salir de la grave situación de miseria y hambre generalizada. Los telares industriales y la máquina de hilar industriales introducidos durante la primera Revolución Industrial amenazaban con reemplazar a los artesanos,  con trabajadoras menos calificadas y que cobraban salarios más bajos, dejándolos sin trabajo.   

El desplazamiento de los trabajadores debido al uso de las primeras máquinas, y que provocó en corto tiempo un creciente ejército industrial de desempleados o ejército de reserva, hizo que los trabajadores destruyeran las máquinas, creyendo que el problema estaba en la tecnología industrial, por lo que protestaron entre los años 1811 y 1816 contra las nuevas máquinas que destruían el empleo.

Poco a poco fueron entendiendo que el desempleo, puede ser provocado por varios tipos de crisis y que estas no afectan a empresarios y trabajadores por igual.

Efectivamente existe un desempleo tecnológico, que se deriva de la sustitución de la mano de obra por la máquina; y un desempleo cíclico, generado por el exceso de producción, lo que a su vez también puede ser provocado por la creciente concentración y centralización del capital por las grandes empresas transnacionales. Esta acumulación produce una superpoblación de desempleados, que se convierte a su vez en palanca de la concentración de capital y en una de las condiciones básicas que el régimen capitalista requiere para sobrevivir.

Las crisis producen pobreza y mayor explotación, pero también mayores ganancias y el sistema se fortalece con cada crisis y en donde unos pocos empresarios se hacen más ricos y acumulan más capital.  

El desempleo nace de estas crisis, porque encontramos contingentes de personas sin empleo, disponibles en cualquier momento y a cualquier precio.

Estos desempleados pertenecen de modo absoluto a las empresas que abren y cierran la llave al empleo. Esto se hace evidente en las crisis. Así por ejemplo el desempleo hotelero permite reducir jornadas, eliminar los empleos mas costosos, refinanciar las deudas, y en general, replantear el negocio.   La empresas, -y lo hemos visto en estos días-  utilizaran  los desempleados o trabajadores suspendidos solo cuando los  requiera, como si los  mantuviese a sus expensas.

Los desempleados son también la reserva de personal que influye sobre los niveles de salarios. En los momentos en que existe escasa demanda de mano de obra, bajan los salarios  y provoca que no suba en gran proporción cuando se incrementa su demanda.

En tanto sigue creciendo el desempleo, también crece la miseria de la clase trabajadora, a lo que habría que agregarle el que normalmente las empresas tratan de compensar una tasa de ganancia decreciente, reduciendo los salarios, incrementando el número de horas de la jornada de trabajo, e introduciendo el trabajo infantil y femenino. Nada parece casual. Hoy vemos que las Cámaras empresariales pelean por la ampliación de las jornadas a doce horas y eliminar el pago de las horas extras.

Cuando se incrementa el personal de reserva o desempleados, los salarios se reducen, las empresas  tenderán a contratar más mano de obra y a invertir menos en maquinaria y equipo.

Pero cuando los salarios se incrementan, entonces sustituirán a los trabajadores por maquinaria, lo que generará desempleo y salarios más bajos. Todo ello, explica las periódicas o cíclicas que ocurren. Por lo que se puede deducir que la miseria creciente, es solo una consecuencia que se relaciona con el desempleo, pero también con las ganancias de las grandes empresas.

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